Allan contempló con repugnancia la nebulosa de Orión y dilató las fosas nasales mucho más de lo prudente, compitiendo con la negrura del espacio. Aquella masa de gas y polvo cósmico mostraba una abundante gama de violetas que a medida que se alejaban de su centro transmutaban en rojos, verdes y azules. La nave en la que viajaba el sacerdote se hallaba suspendida no muy lejos de la Tierra, ese planeta primigenio que había conocido el nacimiento de las primeras humanidades y fue testigo de la mayor época de esplendor que la Iglesia Católica había conocido.
Hace bastante os comentaba en las redes sociales que estaba escribiendo un relato de Dark Space Opera para la convocatoria de la revista Calabazas en el trastero. Lo hice con la ilusión de aquel que se atreve con un género nuevo (he tocado antes algunas ramas de la Ciencia Ficción, pero jamás Space Opera), la escritura fluyó, disfruté del viaje y lo envié sin demasiadas esperanza, consciente de que al competencia sería feroz.
Los hados tienen un curioso sentido del humor y mi relato Un siglo de polvo consiguió llamar la atención del jurado:
Cuando publicaron el fallo del certamen lo miré más bien con curiosidad, deseando encontrar a algún conocido entre la lista de seleccionados y cuál fue mi sorpresa al ver varios mensajes dándome la enhorabuena, adivinar el motivo de tan dulces palabras fue sencillo.
Calabazas en el trastero me gusta mucho y ya en otra ocasión había enviado uno de mis relatos sin suerte (admito que no terminaba de encajar dentro del género). No sé qué me hace más ilusión: si el hecho de poder publicar con ellos o que hayan escogido Un siglo de polvo de entre 171 relatos junto al de otros doce compañeros.
Además en este relato aprovecho para tratar un tema al que desde hace tiempo tenía ganas de dar otro enfoque: el exorcismo. ¡Qué tópico! ¡Ya se ha escrito mucho sobre eso! Esperad, queridos, os recuerdo que estamos inmersos en una de Dark Space Opera :PSus ojos verdes lo habían mirado con la resignación del cordero que se sabe camino del matadero, que entiende que será procesado para alimentar a un sinfín de especies inteligentes, que su existencia solo se concibe en cautividad.«El tiempo lo cura todo, nosotros tenemos una misión», pensó el novicio. Aquel pensamiento era como un tumor que se extendía por todo su ser, amenazando con devorarlo. «El tiempo lo cura todo».
Los tiempos cambian y la lucha contra el mal también.
Por ahora os dejo con eso.






