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26.12.13

Oyendo como crecen las ortigas

 
Decir, dirás lo que quieras.
Entre tú y yo hay más distancia
 que desde el cielo a la tierra.
Título: Oyendo como crecen las ortigas.
Autor: Waldo Santos.
Editorial: Celya.
Páginas: 147.
Precio: 10 €.
Argumento: A veces el destino, escribe Tomás S. Santiago en el prólogo, coincide escrupulosamente con los límites de una ciudad. Traspasar sus afueras sería también salir él de sí mismo hacia donde el consentimiento no lo suponía. Waldo Santos es Zamora; y viceversa.                                                                                                                                                Así, feliz y desalojado, Waldo guarda en su poesía memoria de las palabras de la ciudad zamorana, en sus personales palabras como malviz, comuelgo, llágano o madruguero... Quién sabe, pues, si en ese rumor no hay aún un sueño.


Después de leer Alaciar de la luz estremecida, quedé con ganas de más, así que hoy, merodeando por la biblioteca encontré esta obra. Para aquellos que no lo sepan, Waldo Santos fue un poeta zamorano, abogado y experto en cante jondo.

Su primer trabajo apareció en 1959  Mi voz y mi palabra. Otras de sus obras son: Palabra derramada, Toba, clavel y viento, Grito de estopa, Sangre colgada a garfios, Con la sed bocarriba, Imposible alondra y, Desde la sangre al rojo. Su último libro se publicó en 1990, una recopilación de relatos titulado Del atardecer de Iberia.

En la portada aparece el puente de piedra de Zamora sobre el río Duero.

(En la actualidad. La foto no es mía, las otras sí, las he escaneado)

En esta poesía podemos apreciar que los sentimientos y el mundo interior del poeta son los protagonistas. Tal y como vemos venir desde el prólogo. La denuncia también está ahí, los horrores que a veces nos ocultan la belleza de nuestro mundo. Él lo define como su "Utopía" [...] Volveré cuando nadie eche de menos mi Utopía, cuando sea posible y conjugable el plural sin fatigas. [...]

Nos encontraremos con un lenguaje siempre rico y en ocasiones hermético, pero al fin y al cabo ese es parte del encanto de la poesía. En mi opinión estos versos respiran melancolía, beben directamente de la naturaleza, las tragedias y los gozos de lo cotidiano. Y por último la clara finalidad de remover mentes y corazones, de hacer pensar al que se muestra dispuesto a aprender.

Tan hermosos los lirios
no conocen las siembras,
de cosechas no saben.
Será por eso
que nacen en el llágano
de los páramos bajos.

A lo largo de la entrada he compartido con vosotros alguno de mis poemas favoritos. También os muestro las ilustraciones que aparecen a lo largo del libro.

Y por último os recomiendo una página en la que se recopilan algunos de sus poemas.



20.4.12

Alaciar de la luz estremecida



Te he escondido en mis sueños
en cada nota
de mi soledad, en cada
aletazo brioso de mis alas.
Ahora te brizó
mientras miras al cielo
y emprendes a la grupa
dorada
del invisible potro
el nupcial vuelo abierto
por la llanura cósmica.



En esta ocasión os traigo el libro de poemas Alaciar de la luz estremecida de Waldo Santos, poeta zamorano. Lo leí hace dos años cuando lo encontré por casualidad en una biblioteca y me encantó.
Ahora y después de visitar varias librerías he conseguido hacerme con el, al fin.
Por desgracia, son pocos los ejemplares que quedan de sus obras, pero tuve la suerte de poder encontralo.

El poema del inicio de la entrada es uno de mis preferidos, además del primero del libro, cuyo título es el primer verso. Melancolía y un sinfín de sentimientos pueblan estos versos.
También contiene un retrato del autor en las primeras páginas, además de una preciosa contraportada, que podréis ver a continuación:


Otros títulos del autor:

-Mi voz y mi palabra
-Palabra Derramada
-Toba, Clavel y... Viento.
-Grito de estopa.
-Sangre colgada a garfios.
-Con la sed bocarriba.
-Imposible alondra.
-Desde la sangre al rojo.
-Sufridlo en esperanza.

-Oyendo cómo crecen las ortigas