¿Y cómo podemos hacer que las editoriales se interesen por nuestro trabajo? ¿Cómo lo hiciste tú? Estas y otras preguntas surgieron a lo largo de la mesa de traducción del ECAN en la que contamos con la opinión de dos expertos: Gemma Rovira (famosa por la traducción de las novelas de Patrick Rothfuss en nuestro país, El niño con el pijama de rayas y las novelas finales de la saga Harry Potter) y Carlos Fortea que además de traductor es escritor (Impresión bajo sospecha, El comendador de las sombras y Los jugadores).
Gemma Rovira insistió mucho en que los traductores y en general cualquier clase de profesional no podían conformarse con enviar sus currículum y limitarse a esperar cómodamente una respuesta. Nos habló de su experiencia, de cómo siendo joven elaboró una lista de editoriales por orden alfabético en las que le gustaría trabajar, consiguió las direcciones y salió de casa.
Se presentó en la primera e insistió en que quería traducir para ellos. Al principio nadie parecía darse por enterado, pero uno de los miembros de la editorial, divertido por su actitud, se decidió a hacerle una prueba y le facilitó un texto. El resultado de esta aventura es que Gemma consiguió el trabajo y a día de hoy a traducido multitud de obras, algunas tan populares como las historias del joven mago.
En la actualidad son muchos los que se extrañan al escuchar esta clase de anécdotas, ahora todo el proceso está muy informatizado y es poco probable que a un estudiante recién graduado se le ocurra optar por esta vía. Sin embargo, hay que tener un plan A, un plan B y desde luego un C y todos los que hagan falta. Es posible que recorrer las editoriales con nuestro trabajo bajo el brazo no nos acerque al éxito, pero lo que está claro es que no podemos optar por lo fácil, lo fácil en rara ocasión deja tras de sí fruto.
Además nos contó otras anécdotas la mar de interesantes, por ejemplo la creación por parte de Patrick Rothfuss de un foro donde todos los traductores pudiesen preguntar todo aquello necesario para el buen desarrollo de su trabajo. Habló del dilema que se le presenta a un traductor cuando llega a sus manos un manuscrito pobre en todos los sentidos: sintaxis, léxico, trama... ¿debería ese traductor tratar de mejorarlo dentro de lo posible? ¿o por el contrario debería hacer estrictamente su trabajo y permitir que sean los lectores los que juzguen? Y volviendo al señor Rothfuss, todos comentamos la dificultad de traducir Fantasía, ya que muchas palabras son creación del autor y desde luego no es tarea sencilla traducir algo que... simplemente no tiene un equivalente en nuestro idioma. Y desde luego, al igual que la gran mayoría de lectores no está para nada de acuerdo con la traducción del título La música del silencio.
¿Y a vosotros qué opinión os merece la labor de los traductores?
¿Algún traductor en la sala?
Si te ha gustado esta cápsula del ECAN 2016 te invito a leer la anterior, centrada en el mundo de la ilustración y el imaginario de cada autor:






