16.12.14

Impresión: Amanecer (1872) de Monet




Ha pasado demasiado tiempo desde publiqué mi última entrada sobre pintura en el blog… ¡Ya tenía ganas de volver a la carga! ¿Y qué mejor manera que con Impresión, Amanecer? Este es mi cuadro favorito de Claude Monet. No podéis negarme que es una maravilla. Puede que para aquellos que no sepan nada sobre el tema solo sea una imagen bella o llamativa, pero la historia de esta Impresión, lo hace aún más especial.
 
¿Queréis acompañarme en este viaje al pasado? ¡Vamos, hay sitio de sobra para todos! ¿Coordenadas? Segunda mitad del siglo XIX en Francia.

La vida artística está regulada por el Salón de París, cuyo jurado se encarga de valorar las obras. Podría decirse que ellos representan el arte oficial de la época.
Aportaré un dato curioso para que os hagáis una idea.


1863. Año clave. Se presentan al Salón de París nada menos que la friolera de 4.000 obras y el jurado tan solo admitirá 2.000.


¿Entendéis a qué me refiero? ¡Desde luego eran muy estrictos! Mmm... demasiado conservadores para mi gusto.
Sin embargo varios artistas se revelarán contra el yugo de esta institución y se creará el Salón de los Rechazados, paralelo al oficial. Allí encontraran su lugar mentes creativas  como las de Manet, Degas o el propio Monet.

En este salón fue expuesto Impresión, Amanecer (1872). Un crítico llamado Leroy de la revista Charivari se mofó de aquel grupo de artistas y los tildó de impresionistas.
¡Sorpresa! Esa pintura fue la que bautizó a este movimiento. ¡En efecto! Estamos hablando del Impresionismo.

Tanto Monet, como este óleo sobre lienzo además cumplen todas las características que definirán al Impresionismo:

  • Plein air. Es decir, adoraban retratar paisajes al aire libre con tonos luminosos.
  • Importancia de la luz. Para ellos no existían las luces y los contornos como tal, sino que nuestra percepción estaba formada por la luz y sus efectos.
  • Huyen de los temas grandilocuentes, como los retratos de los poderosos. Defienden que no hay temas insignificantes. Gusto por lo banal.
  • Reflejos en el agua. Una vez más la luz y sus efectos.
  • La distribución del espacio era mucho más atrevida que en épocas anteriores. Encuadres atrevidos influenciados por la aparición del objetivo fotográfico.
  • Técnica: pincelada suela, a veces se diluía el óleo consiguiendo un acabado similar al de las acuarelas. No hay contornos; los colores y tonos se valen del cromatismo cromático. 

¿Qué me decís? ¿A que ahora lo miráis con otros ojos? ¡Disfrutad! Y recordad que esta es una de esas obras que se aprecian mejor desde la distancia.

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