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13.6.16

LENGUAS DE VIENTO-METAL, CORTEJO DE UNA PENA ATONAL QUE NO ENTIENDE DE JUSTICIAS NI DE MÉTRICA. MITOLOGÍA DEL DOLOR.


Mitología del dolor es uno de los poemas más íntimos que he escrito. Unos versos que se gestaron en esa patria común de la que hablaba Delibes, y que no es otra que la infancia. Ésta, lejos de ser esa edad dorada idealizada por muchos, es también un compendio de naufragios personales.

Llevo muchos años dándole vueltas a este tema y fue a mis veintitrés inviernos cuando me decidí a ponerle voz a un sentimiento que desgarra, porque hoy entiendo que algunas cosas sencillamente no se curan, aprendemos a vivir con ellas.

Por eso me he alegrado tanto al conocer la decisión de la revista Argonautas de publicar Mitología del dolor en su nuevo número. Tenéis el enlace aquí.

O podéis leer el poema directamente en esta entrada:
 


Mitología del dolor


Florecen los tabúes
de los dedos rosados de la aurora
con rumor de aludes
en primigenia hora.

Y suenan en clave apocalíptica
lenguas de viento-metal,
cortejo de una pena atonal
que no entiende de justicias ni de métrica.

Diluida la gravedad
y perdida la contienda contra el viento,
anclados al limbo de la consanguineidad
aguardamos al alumbramiento del tiempo.

La carne se deshace lentamente
en los derrumbos de la luz inmanente
y el destierro de la materia deviene en motor del cambio.
Somos los hijos del naufragio.


La obra que lo ilustra nace de la mano de Maldita impostora. No puedo decir que no es apropiada porque creo que capta muy bien el mensaje, con esta imagen monocroma captura parte de esa urgencia, de ese desgarro que precede a todos los hijos del naufragio.

También me parece oportuno recomendaros este número de Argonautas por (entre otras cosas) el artículo acostumbrado de Jaume Vicent, Inconmensurabilidad McCartney en el que conoceremos un poco mejor a la autora zamorana Keiko McCartney. Y por supuesto relatos y poemas como Catársis de Ninano, El cambio de tiempo de Juan Ramón Jiménez Simón...


14.4.16

UNA VEZ ALCANZADOS ESTOS MUNDOS PROSEGUIREMOS EL CAMINO. WALT WITHMAN Y EL CAMINO DEL ESCRITOR



Esta mañana, antes del alba,
subí a una colina para mirar el cielo poblado, y
le dije a mi alma:
Cuando abarquemos estos mundos,
y el conocimiento y el goce que encierran,
¿estaremos al fin hartos y satisfechos?
Y mi alma me dijo: no, una vez alcanzados estos
mundos proseguiremos el camino.

WALT WHITMAN, Canto a mí mismo.
Las obsesiones siempre han sido y serán una constante en mi vida, se mueven por ciclos, vuelven tarde o temprano; sin embargo, desde hace un año no puedo sacarme de la cabeza estos versos de Walt Withman.

Cuando uno se une a esta orden esotérica (más comúnmente conocida como el gremio de los escritores) tiene unos objetivos a corto, medio y largo plazo. A medida que avanzas en tu aprendizaje, esta droga que es la literatura se va adueñando de todo tu ser, emponzoñando las diferentes dimensiones en las que se cimenta la vida. ¿Quién no ha sentido la imperiosa necesidad de escribir acerca de una anécdota o... peor todavía, de la confesión de un amigo? A veces parece que la libreta o la aplicación de notas emiten un canto de sirena difícil de ignorar. ¿Es que el universo conspira contra nosotros? ¿O acaso nuestro entorno está impregnado de buenas ideas y lo único que necesitamos son unas potentes antenas con las que atrapar estas energías sutiles?

Ya os decía que la escritura se va adueñando de ti, Alan Moore afirma que solo empiezas a obtener resultados cuando le rindes al arte el mismo culto que a un dios.



Creo que una hoja de hierba no es menos que el camino recorrido por las estrellas.

WALT WHITMAN, Hojas de hierba.
Ahora volvamos a ese camino del que hablábamos. Una vez que esta adicción se convierte en una forma de vida, empezamos a comprender que esas metas u objetivos alcanzados son algo secundario, el viaje que hemos emprendido quizá podría no tener final. No podemos asir ese horizonte que se perfila más allá. Nuestros ojos avezados, curtidos en los mimbres de la gramática, la retórica y demás sefirot intuyen las señales. No es algo exclusivo de la literatura, en la música o la pintura sucede lo mismo... no hay descanso, al menos no uno definitivo y certero.

El placer está en este continuo caminar, erigido sobre triunfos y miserias, moldeado por la experiencia adquirida con cada error. No hay retorno posible, el creador de mundos vive a través de sus palabras, desgrana la realidad y se reconstruye a sí mismo con ellas.

Son pocos los días en los que mi mirada no reposa sobre este Canto a mí mismo de Walt Withman, es tal el impacto que causó en mi mundo interior que tengo este fragmento con el que comenzaba la entrada clavado en la pared. Para tenerlo presente. Para no olvidar que este camino es infinito y, aún así, merece la pena recorrerlo. 

4.10.15

YO NO TENGO HOGAR... SOLO REFUGIOS.

El título de esta entrada alude al final de mi poema Refugios, el segundo que publico con la revista Argonautas en su noveno número. La ilustración de los caballos ha sido creada por Chele, me encanta la interpretación que ha hecho del poema, ¿y a vosotros? 

Por desgracia la vida se compone de claroscuros y son muchas las almas que no tienen y tal vez nunca tengan un lugar al que llamar hogar, pero siempre les quedarán refugios. Ese es el eje central de estos versos: 


 REFUGIOS

Coronada la orfandad,
me diluyo en el silencio equilátero
para construir con óleo y sal
un volcán antifonal,
una suerte de hogar.

Vestirme con un acento
que no es el mío
para construir vidas de papel,
dejar fuera el hastío
y hermanarme con el viento.

De la gema de mi ombligo nace un río
que se lleva  en viaje iniciático
los siete caballos: el rojo, el verde y el blanco,
el naranja, el azul, y el morado.
A partir del séptimo construyo mi atavío.

Pero yo no tengo hogar
solo refugios.


Espero vuestras opiniones con entusiasmo. Soy una novata en lo que a poesía se refiere, pero me contento con disfrutar e ir aprendiendo poco a poco, así que ya lo sabéis las críticas son bienvenidas :)
 
También me gustaría recomendaros Sobre el cambio y las editoriales, un artículo del escritor y blogger Jaume Vicent (sí, el autor de Viejas huellas) que podréis encontrar en este número de Argonautas. Nos habla del estancamiento del sector editorial tradicional que no le saca el partido que debería a las nuevas tecnologías, ni apuesta por los creadores de contenido, falta el contacto con el lector...


Podéis leer aquí, es gratis ;)

18.6.14

Sobre los ángeles de Rafael Alberti




Título: Sobre los ángeles.
Autor: Rafael Alberti.
Editorial:
editorialsol90.
Páginas:
111.
Precio:
4,95 €.
Argumento:
El poeta Rafael Alberti (1902-1999) es un icono del exilio republicano. Su obra, prohibida durante el franquismo, es una de las mayores contribuciones a la lírica española del siglo XX. Y Sobre los ángeles, escrito en una época de grave crisis personal, uno de sus libros más conmovedores e intensos.

  
Los ángeles son en este poemario el vehículo que nos conduce a través de los recovecos del alma de Alberti. No son los ángeles cristianos con los que la mayoría estamos familiarizados, sino una representación de las luces y las sombras que conforman su ser.

La melancolía y el hastío vital impregnan la mayor parte de los versos, ya que en esta época el autor pasaba por una crisis existencial, reflejo (imagino) de la que se vivía en aquella sociedad. La perdida de la inocencia (metáfora del paraíso perdido) y la juventud es otro de los temas más recurrentes. La decepción, debido a su ruptura con Maruja Mallo... El descontento con su libro anterior también le motiva a buscar otras formas de expresión a través del surrealismo, el verso libre.

No leo demasiada poesía, pero puedo decir que he disfrutado mucho con mi prima incursión en el mundo onírico de Alberti. La belleza que evoca mediante símbolos, las impresiones nacidas de los versos... ya antes de comenzar su lectura imaginaba que me gustaría debido a sus influencias: Baudelaire y Rimbaud entre otras ;)
He oído decir a muchas personas que la poesía puede resultar en ocasiones hermética y oscura, creo que es precisamente eso lo que hace que me atraiga tanto últimamente.

¿Lo habéis leído?


El ángel Ceniciento

Precipitadas las luces
por los derrumbos del cielo,
en la barca de las nieblas
bajaste tú, ángel Ceniciento.

Para romper cadenas
y enfrentar a la tierra contra el viento.

Iracundo, ciego.

Para romper cadenas
y enfrentar a los mares contra el fuego.

Dando bandazos el mundo,
por la nada rodó, muerto.
No se enteraron los hombres.
Sólo tú y yo, Ceniciento.

26.12.13

Oyendo como crecen las ortigas

 
Decir, dirás lo que quieras.
Entre tú y yo hay más distancia
 que desde el cielo a la tierra.
Título: Oyendo como crecen las ortigas.
Autor: Waldo Santos.
Editorial: Celya.
Páginas: 147.
Precio: 10 €.
Argumento: A veces el destino, escribe Tomás S. Santiago en el prólogo, coincide escrupulosamente con los límites de una ciudad. Traspasar sus afueras sería también salir él de sí mismo hacia donde el consentimiento no lo suponía. Waldo Santos es Zamora; y viceversa.                                                                                                                                                Así, feliz y desalojado, Waldo guarda en su poesía memoria de las palabras de la ciudad zamorana, en sus personales palabras como malviz, comuelgo, llágano o madruguero... Quién sabe, pues, si en ese rumor no hay aún un sueño.


Después de leer Alaciar de la luz estremecida, quedé con ganas de más, así que hoy, merodeando por la biblioteca encontré esta obra. Para aquellos que no lo sepan, Waldo Santos fue un poeta zamorano, abogado y experto en cante jondo.

Su primer trabajo apareció en 1959  Mi voz y mi palabra. Otras de sus obras son: Palabra derramada, Toba, clavel y viento, Grito de estopa, Sangre colgada a garfios, Con la sed bocarriba, Imposible alondra y, Desde la sangre al rojo. Su último libro se publicó en 1990, una recopilación de relatos titulado Del atardecer de Iberia.

En la portada aparece el puente de piedra de Zamora sobre el río Duero.

(En la actualidad. La foto no es mía, las otras sí, las he escaneado)

En esta poesía podemos apreciar que los sentimientos y el mundo interior del poeta son los protagonistas. Tal y como vemos venir desde el prólogo. La denuncia también está ahí, los horrores que a veces nos ocultan la belleza de nuestro mundo. Él lo define como su "Utopía" [...] Volveré cuando nadie eche de menos mi Utopía, cuando sea posible y conjugable el plural sin fatigas. [...]

Nos encontraremos con un lenguaje siempre rico y en ocasiones hermético, pero al fin y al cabo ese es parte del encanto de la poesía. En mi opinión estos versos respiran melancolía, beben directamente de la naturaleza, las tragedias y los gozos de lo cotidiano. Y por último la clara finalidad de remover mentes y corazones, de hacer pensar al que se muestra dispuesto a aprender.

Tan hermosos los lirios
no conocen las siembras,
de cosechas no saben.
Será por eso
que nacen en el llágano
de los páramos bajos.

A lo largo de la entrada he compartido con vosotros alguno de mis poemas favoritos. También os muestro las ilustraciones que aparecen a lo largo del libro.

Y por último os recomiendo una página en la que se recopilan algunos de sus poemas.



21.3.13

Día mundial de la poesía 2013




Callada sinfonía de ruinas esqueléticas
- siete algodones blancos contemplándonos -
hirvió hasta superar muchos mil grados
cuando las almas fueron persiguiendo la rosa,
deseándola.
                                 Volvíamos a ser jóvenes,
a sentir y a saber que el viejo cauce,
huída el agua que lo dinaminazaba,
estaba henchido, otra vez,
vena viviente de promesas
de unas sangres calientes que él no tuvo;
elásticas arterias
que creaban la vida
turgente de brotar los arcoiris
en las dos frentes místicas
que seguían en fe y en esperanza
de insaciadas nacencias de creceres húmedos.
Adios no hubo.
                                                 Eran miradas,
                                                 Sonrisas virginales
                                                 con el susto
de un futuro milagro
hecho presente.
Se creyeron profetas genesíacos
de un prodigio
de dos miradas de color de rosa.


Waldo Santos 

Alaciar de la luz estremecida