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2.3.16

LO BUENO, SI ES BREVE… DOS VECES BUENO. ENTREVISTA A VÍKTOR VALLES.


Víktor Valles es escritor, corrector, blogger, melómano y community manager. Dice que el mayor de sus miedos es la hoja en blanco, pero por fortuna eso tiene fácil solución. Su primera novela publicada es Quemaste tus alas de ángel.

¡Bienvenido a la bitácora!


1.    ¿Qué es lo más drástico que has hecho por el arte?
   
Supongo que, como muchos otros escritores, he dejado de hacer cosas por dedicarle un tiempo a una novela: rebajar en horas de sueño, dejar de dedicarle tiempo a otra persona, etc.

Hasta la fecha no me he cortado ningún dedo ni me he arrancado la lengua. Así, pues, creo que entro dentro de la “normalidad” de los escritores.

2.    Un libro, una canción y una película que te hayan marcado. 

El Lobo Estepario de Hermann Hesse, 1999 de Love of Lesbian y El lado bueno de las cosas. 
Podría haber mencionado muchos títulos en las tres categorías, pero estas tres obras tienen algo de especial en mí: leí El Lobo Estepario en un momento difícil y fue el detonante para ponerme en marcha. Descubrí el disco de 1999 de Love of Lesbian en un momento de mi vida en el cual me sentí muy identificado con esa historia y El lado bueno de las cosas fue una película que me ofreció muy buenas reflexiones.

3.    ¿Contradicciones en tu proceso creativo? 

Soy capaz de cambiar de nombre a un personaje una vez finalizada una historia. También soy de cambiar muchas veces de título. Soy un poco indeciso con los detalles…
 
4. El mejor consejo que has recibido de un artista.

«Lo bueno, si es breve… dos veces bueno». Es un consejo que obtuve en mi época de estudiante y que de un tiempo a esta parte (tras volver a recibirlo por parte de un autor) he aprendido a aplicar a la escritura creativa.

5. Si tuvieras que vivir en el interior de un cuadro, ¿cuál sería?

Me encantan el Guernica de Picasso y El grito de Edvard Munch. Sin embargo, creo que sería mejor vivir en El jardín de las delicias o en El nacimiento de Venus.

6. Cuéntanos algo acerca de Quemaste tus alas de ángel que nadie te haya preguntado antes y te apetezca revelar a los lectores. ¿Qué ha sido lo más complicado de escribir esta novela? (Sí, queremos sangre :P)

En realidad no fue una novela complicada de escribir. Tenía muy claro lo que quería contar y eso ayudó mucho a su creación. La parte más complicada ha sido la corrección (también ha sido lo que más he aprendido con esta novela).
No me han preguntado sobre Kafka, el gato que aparece en la novela. Para crearlo me inspiré en el gato que adoptaron unos amigos (y que, en realidad, se llama Once. Encontraréis lo chistoso del nombre una vez conozcáis a Kafka). La cuestión es que cuando creé a Kafka cayó un gato del tejado al patio interior de casa y se hizo daño en una pata. Estaba muy asustado y se escondió. Y estuve dándole de comer durante varios días hasta que logró regresar a casa. Durante esos días decidí llamarle Kafka.
Posteriormente le he vuelto a ver dando excursiones por la calle (era un gato doméstico) y todavía cojea un poco. Pero me alegra saber que salió adelante.


7. Hace poco has participado en la antología Sueños de la editorial Otros Mundos. ¿Dirías que es importante crear una red de artistas para unir fuerzas? ¿Qué pretendías con tu relato?

Crear una red de artistas es necesario. Actualmente vivimos un momento en el que los autores nos encontramos indefensos ante ciertos acontecimientos que suceden. Y es difícil sacar la cabeza y que un lector decida leer nuestro libro entre los cientos que llenan las estanterías. Yo creo que una red de autores es necesaria.
Con mi relato (El torreón de los Onirios) quise contar algo muy distinto a Quemaste tus alas de ángel. Es una historia con acción, conspiración, misterio,… Con ciertos ingredientes que componen una mezcla distinta. Por supuesto, siempre pensando en que el lector disfrute de la lectura.


8. En una entrada de este blog hablé al público acerca de mi campo semántico personal y me gustaría que compartieras el tuyo. Puedes acompañarlo de una reflexión acerca de tu estilo. 

Lo cierto es que nunca he reflexionado en profundidad sobre cuál es mi campo semántico. Supongo que si hay algo dentro de ese «campo semántico» está relacionado con el mar, los gatos, la creatividad, la psicología,…

9. Los escritores se nutren de obsesiones. ¿Cuáles se reflejan en tus obras?

Ahora que he dejado de fumar, al fin crearé personajes no-fumadores. Pero supongo que todas mis manías están reflejadas en mis personajes, consciente o inconscientemente. Es algo que los escritores no podemos remediar…

10.  20 relatos del fin del mundo y 152 rosas blancas son algunos de los libros en los que has colaborado con relatos. ¿Por qué deberían leer los tuyos? ¿Qué opinión te merece el mundo de la ficción corta?

Sí tienes el libro a mano, debes leerlo porque has pagado el libro entero.
Si no es así… 20 Relatos del fin del mundo es un libro que contiene 20 formas de fin del mundo (en sentido literal y figurado). Mi relato, La última partida, habla sobre la dualidad de las personas.
En cuanto a 152 rosas blancas es un compilado de relatos brevísimos con el romance como nexo. Son 152 lecturas muy ligeras que entretendrán a los más romanticones…


11. Escritura terapéutica. ¿Cómo lo ves? ¿Qué supone para ti el acto de escribir?

Yo, al igual que muchos otros compañeros, empecé a escribir por «necesidad». Y es que a veces necesitamos dejar ir nuestros sentimientos (y pensamientos) y escribir es la única forma. Supongo que lo mismo les ocurrirá a los practicantes de otras doctrinas (artísticas e incluso deportivas).
Opino que escribir nos mantiene un poquito más cuerdos. Así, pues… ¡Sí! La escritura es terapéutica.


17.1.16

NO NECESITABA AL MUNDO, Y ÉL NO ME NECESITABA A MÍ. QUEMASTE TUS ALAS DE ÁNGEL, DE VÍKTOR VALLES

Portada. Fuente.
No necesitaba al mundo, y él no me necesitaba a mí.

Esta lapidaria sentencia la he extraído de la primera novela publicada de Víktor Valles, Quemaste tus alas de ángel, que ha salido a la venta en digital con Ediciones Babylon.
El autor nos sumerge en el mundo interior de Arián, un escritor con una carrera ya consolidada en el mundo de las letras, pero que en lo personal acaba de naufragar. La obra es de corte intimista y juega con la frontera entre lo real y lo imaginario, nuestro protagonista caminará dando bandazos entre ambos mundos.

Alaitz es el nombre de la musa que será el corazón de su nuevo trabajo, Arián no sospecha del poder que su propia creación ejercerá sobre él a partir de entonces. 

Viajábamos en paralelas, el mundo y yo, con el único objetivo de no estorbarnos. Yo no le contaba mi vida y él no me contaba la suya: era un pacto mágico que ninguno estaba dispuesto a romper.
La prosa revestida de lírica de Víktor Valles explora los arcanos del proceso creativo, los altibajos inherentes al mismo y el microcosmos que son las distintas viviendas de Arián: un doble material de sus entrañas, de los demonios y los ángeles que pueblan su psique. En el punto de partida abandona Barcelona para trasladarse a la tranquila localidad de Vilanova i la Geltrú.

Una letra, otra. Y otra más. Así construye el juntaletras la escalera con la que deja atrás la realidad. Fuente.

La relación de Arián con el mar es una constante a lo largo de casi toda la trama
—al principio se resiste a mudarse a Madrid ya que no es capaz de imaginarse una vida sin él, ¿dónde se refugiará? ¿o acaso la urbe terminará por devorar su esencia?, en general la estética de los escenarios apoya su estado emocional como ya sucedía en la literatura del romanticismo.

Y es que muchos no conocerán la sensación. Pero el efecto que provoca la destrucción de un mundo propio es equitativa a descubrir que la verdad es la contraria a aquella idea a la cual te aferrabas. El dolor se extiende, provocando llamas. Un fuego capaz de consumir el alma. Atrás quedaba mi inocencia, había descubierto el verdadero significado.

La música es otro de los ejes centrales de Quemaste tus alas de ángel y, con ella, llega Ariette una joven cantante de jazz que conoce a Arián poco antes de partir junto a sus amigos en una gira que la llevará por buena parte del globo. Poco a poco, gracias a la correspondencia que mantienen, Ariette irá haciéndose un hueco en este cosmos supeditado a la ficción, a Alaitz. Porque sí, el escritor es consciente del amor que siente por su propio personaje.

Alaitz sueña con la luna y el almizcle. Fuente.

Esta novela es para degustarla, para beberla a sorbos. Aunque confieso que me di un buen atracón con la primera mitad, que es sin duda la que más me ha conmovido, pues perfila a Arián sin edulcorar las miserias de su rutina en contraposición con la belleza del lenguaje y el entorno.

Con unas pinceladas tenemos a unos secundarios que si bien no aportarán cambios drásticos en el destino del artista, podremos recordarlos como criaturas entrañables. Yo me quedo con Kafka un felino ciego al que Arián adopta y que se convertirá en un compañero inseparable. Una de mis escenas favoritas transcurre en el cementerio donde se encuentra a un anciano, un conocido suyo de la cafetería donde acostumbra a trabajar que ha perdido a la mujer a la que amaba sin ser capaz de revelarle sus sentimientos.
Esa obstinación la hizo nacer, desangrándome lentamente. En una probeta iba derramándose, gota a gota, mi sangre hasta dejarme árida. Mi alma se vertió en la fiera, mudando de cuerpo como un caracol mudando de caparazón. Fue una transición lenta y dolorosa, un mal inimaginable que me consumió completamente.
Lo único que no me ha terminado de convencer han sido los fragmentos que narran las aventuras de Alaitz, aunque la escena en la que renace es poderosa, no lo voy a negar; sin embargo, el resto de su aventura no ha terminado de engancharme. Supongo que se debe a que no he tenido tiempo de empatizar y a que las partes de la novela escrita por Arián dan grandes saltos en el tiempo y son escasos. Esta es la única pega que yo le pondría a Quemaste tus alas de ángel.  

La aventura de Arián, Alaitz, Kafka y Ariette no se caracteriza por tener un ritmo trepidante ni grandes misterios, la magia está en los pequeños detalles igual que sucede en la vida.

Víktor Valles. Fuente.