«Psicopompo»,
era la primera vez que escuchaba aquella palabra. Se me antojó musical,
inspiradora y, sobre todo, poderosa. Había oído hablar sobre los chamanes, los
cuales obraban todo tipo de prodigios: eran capaces de interpretar los sueños,
curar la enfermedad. También recuperaban almas, las guiaban.
Otra entrada que tenía
atrasada. Lo admito. Los que me seguís por las redes sociales ya teníais
noticia de esto relato publicado en la antología benéfica Sueños con la
editorial Otros Mundos.
Cuesta creer que hasta ahora
no os haya hablado de esto con un poco más de profundidad, sobre todo teniendo
en cuenta lo mucho que me gusta parlotear acerca de mi Ciclo Chamán que por el
momento cuenta con dos relatos publicados: Psicopompo y El
morador de Monte Rainnier (Ánima Barda #3). Y sí, este es el
orden cronológico. El origen de las aventuras del chamán Neil es la esencia
de Psicopompo.
Un ciervo
frente a mí. Ahí, parado, con su pelaje aguamarina y su poderosa cornamenta
dorada, que asemejaba las ramas nudosas de un árbol, era con diferencia lo más
hermoso que había podido contemplar en toda mi vida. Las extremidades largas y
finas culminaban en una pezuña turmalina dividida en dos.
Nuestro escenario no es otro
que los Montes Nuba, en Kordofán, África. Este territorio conflictivo aún en la
actualidad parece haber sido condenado por la historia: árabes y turcos los esclavizaron,
el gobierno los discriminaba al considerarlos una raza inferior…

Y
es precisamente en este enclave desangrado por la violencia y el hambre
donde Neil recibe la llamada, ese acto mágico que revela la naturaleza de un
sujeto como chamán.
En los momentos más oscuros puede surgir la
luz, es una constante en la historia de la humanidad, es los tiempos difíciles
es donde le regalamos al mundo la nobleza y la vileza que habitan en nuestro
interior. Porque nos componemos de claroscuros y es que este joven y entrañable
Neil está a punto de abandonar la confortable crisálida que es su infancia,
porque renacerá… y para eso, primero uno ha de morir.
Oma Parish se presentó al
amanecer con el rostro teñido por la luz anaranjada del astro rey, que
suavizaba sus rasgos curtidos por el clima de la región y una vida dedicada a
la búsqueda del conocimiento en lugares remotos donde un occidental no
sobreviviría sin ayuda.
Una
figura que será fundamental en el desarrollo de nuestro protagonista será Oma
Parish el brujo que guía a los nuba y que se revela como el maestro que acude
al alumno dispuesto. A partir de aquí podréis conocerlo mejor en los demás
relatos (que por cierto, el tercero busca hogar je, je).
Es cierto que al ser Neil aún profano en
esto del conocimiento, el relato tiene un tono más juvenil que El morador de
Monte Rainnier (al fin y al cabo aquí nos encontramos con un Neil adulto y en
pleno uso de sus facultades), pero sigue conservando ese regusto weird.
¡Joder, no quería morir! ¡Ni quedar atrapado en los extraños
mundos a los que los brujos viajaban! Durante unos segundos que se me hicieron
eternos, cerré los ojos y deseé con todas mis fuerzas que todo aquello solo
fuese un extraño sueño y que al volver a abrirlos despertase de nuevo en
África.
Os dejo el enlace por si
queréis curiosear o colaborar con la causa (después de que os haya puesto la
miel en los labios), lo tenéis en español y en catalán: aquí.
Sí, es la primera vez que se traducen mis letras a otra lengua y no podéis
imaginar la ilusión que me hace.
Es cierto que lo onírico, lo
sobrenatural, lo esotérico… pueblan este ciclo que se teje a sí mismo relato a
relato, con cada una de vuestras lecturas, aunque no deja de hablar de los
temas fundamentales: de las grietas, de esos golpes que nos da la vida y que
nos crean.
El animal fijó sus ojos acuosos en los míos.
«Te estaba buscando».
